Infancia

Amelia: No tengo ninguna libretita aquí.

Yo: ¿Cómo no? Y si encuentro una, ¿qué te hago?

Amelia: mmmm… sushi.

Imagínate crecer en una casa donde esa pregunta no suena a amenaza.

Donde “¿qué te hago?” no abre la puerta al miedo, sino al antojo.

Me acordé de esos videos donde los papás dicen:

“Si sigues llorando te voy a dar…”

y los niños contestan: “un abrazo”, “un beso”.

Como si el lenguaje no estuviera torcido.

Como si querer no doliera.

Imagínate eso.

Yo qué sé qué incertidumbres le voy a dejar.

Pero la certeza de que quien te ama no te lastima, si la va a tener.

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.