No es la primera vez que sucede que una chica demasiado guapa como para fijarse en mí pero lo suficientemente alcanzable como para decir “pos igual y si es cierto” me hace match en tinder y después de fingir unas cuantas conversaciones se lanza de cabeza a lo que realmente le interesa: dinero.
Sirva esto de cautionary tale… o fábula si no saben inglés… si parece demasiado bueno para ser real es porque no es real.
Y es que no, mija, no. La temporada en la que yo era cajero automático de conocidas u por conocer ya se acabó por ahí de 2024. Es reciente, lo sé. Pero todavía arrastro la cruda de la borrachera elemental que fue sentirse el caballero de brillante armadura trepado encima de una doncella rescatando a la torre que estaba dentro del dragón. ¿O… cómo era? No me importa,
El punto es que llevo demasiado tiempo en este mundo como para poder diferenciar entre un ligue, una estafa y una transacción. Y he decidido que definitivamente la última suena al menos más honesta, menos cringe y hasta más social
Qué sé yo.
Aunque debo reconocer que ya detectó el patrón desde mucho antes. Ya se que es como decir que ya veo las piedras antes de tropezar con ellas cuando tal vez lo que debería hacer sería encontrar otros caminos…
No. No le voy a agarrar cariño a la piedra. No soy tan básico.
Pero hey… capaz que si es lo suficientemente plana me sirve para hacer patitos en el agua.
O si es lo suficientemente bonita la expongo por un mes en el librero.
O mejor solo la dejo en su lugar no vaya a ser que me enseñe que mi destino es rodar y rodar.
Rodar y rodar.

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